Los vestidos de la música
Un grupo de manifestantes vestidos de Gandalf, el personaje de El Señor de los Anillos, se concentró frente a la mansión que el multimillonario estadounidense Peter Thiel, dueño de Palantir. Mientras que algunos destacan lo insólito del hecho, yo me subo a la noticia por el lado de la canción que esos «magos» entonaban.
Víctor Heredia vistió la música con los versos dignos del superviviente, combinando la tela rústica de la dignidad con un diseño lírico al servicio de la protesta. Lo que se dice, una pieza magnífica de vestuario.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos.
A pesar de los golpes
que asestó en nuestras vidas
el ingenio del odio
desterrando al olvido
a nuestros seres queridos…
Pero la canción quería calle, y se desnudó de esos versos, y se fue a la cancha, a las marchas, a los recitales de otros artistas… A veces con ropa prestada. Cambió el color, se acortó la falda. Si se me permite: versos funcionales para la ocasión.
A pesar de los años, los momentos vividos,
siempre estaré a tu lado, San Lorenzo querido…
Y ahí aprendió las malas artes, porque los versos pueden ofender cuando la injusticia, el dolor o la pasión lo demandan.
Hoy la podés ver en una esquina, buscándose a sí misma y encontrándose en la batalla contra los poderosos. Quiero decir: no es la misma, aunque de alguna forma sí, podría serlo, si aceptamos la premisa de que el hábito no hace al monje. La música, como la donna de «Rigoletto», _e mobile_.
Ayer mismo la escuché en Palermo Chico, cambiada, potente, incomodando al señor feudal de turno…
Si querés palantires
para ver el futuro,
mírate en el espejo:
vas a ver un boludo.
Vas a ver un boludo…
