Acompañamos a Carlos Chernov en el lanzamiento de Después de la furia

La novela de Carlos Chernov propone el final de una civilización (la nuestra) pero, también, el surgimiento de algo más. Por Alejandro Alonso.

Las reflexiones de Flor Canosa durante la presentación de Después de la furia en la Casa de la Lectura

Las reflexiones de Flor Canosa durante la presentación de Después de la furia en la Casa de la Lectura.

El viernes 11 de septiembre, en la Casa de la Lectura / Biblioteca Julio Cortázar, Carlos Chernov presentó su novela distópica Después de la furia, editada por Interzona. Para ello contó con la compañía de sus colegas Jorge Consiglio y Flor Canosa, quienes se ocuparon de poner esta obra en contexto, aportando sus propias lecturas.

El desfile de autores no sólo pasó por el escenario, sino también entre el público, con figuras de la talla de Guillermo Martínez o Ana María Shua, lo que hizo posible, al final de la presentación, un interesante intercambio sobre el autor, sus disparadores, sus temas recurrentes y la estrategia narrativa. Consiglio situó la obra en el espacio Weird, del cual (Martínez dixit) Chernov fue un precursor.

Si están interesados en mi lectura de la obra, dejen sus comentarios.

Por lo pronto (contratapa):

Todo empezó con un grito. En un instante, una furia inexplicable, una descarga de violencia ancestral se propagó como una peste. No eran zombies ni vampiros ni criaturas sobrenaturales: eran vecinos, amantes, amigos y familiares arrastrados por un instinto brutal. El horror residía en una verdad insoportable: el asesino siempre había estado allí, dormido en cada uno de nosotros.

En pocos días, la locura homicida aniquiló a gran parte de la población mundial. Los asesinos reaccionaban contra cualquier figura humana; incluso su propio reflejo podía empujarlos al suicidio. No había magia ni maldiciones: solo la activación de un mecanismo evolutivo que devolvía a la especie a un estado de naturaleza feroz.

Los pocos sobrevivientes quedaron arrojados a un mundo donde nadie puede confiar en nadie. Sin certezas ni refugios, deben intentar reconstruir los lazos comunitarios y encontrar una forma de vida que vuelva habitable el caos.

Con pulso afilado y ritmo cinematográfico, Carlos Chernov construye una joya sangrienta de la ciencia ficción que le da un giro completo al relato apocalíptico. Un libro lúcido y desolador que expone las pulsiones destructivas que laten bajo la superficie de nuestro presente.

Hace algún tiempo, respondiendo a una propuesta de Mariano Buscaglia, hablé del género al que pertenece esta novela y de otra obra de Chernov, El sistema de las estrellas (2017). En ese entonces dije:

«Lo posapocalíptico es un tópico bastante común en la literatura fantástica (sobre todo de ciencia ficción) en la Argentina, acaso por el hecho de haber sido esta una literatura más sociológica, concebida al margen de la tecnología pura y dura. O tal vez porque es una forma de abordar el género más sencilla que otras (ideal para escritores que no estaban familiarizados con el género), al no requerir necesariamente el desarrollo razonado de un nuevo orden para plasmar las encrucijadas a que se ven sometidos los personajes. Caprichosamente voy a rescatar tres novelas contemporáneas. El año del desierto, de Pedro Mairal (porque plantea un retroceso a la barbarie, destejiendo la historia en lugar de barrer con ella). El sistema de las estrellas, de Carlos Chernov (porque bebe de la mejor ciencia ficción, proponiendo nuevos órdenes sociales, tecnológicos y culturales). Y Los que duermen en el polvo, de Horacio Convertini (por esa capacidad que tiene el autor de tejer las angustias sociales y las personales, y porque no reniega del género)».

Jorge Consiglio y Carlos Chernov en la presentación de la novela.

En línea con esta reflexión, Chernov elige el camino difícil, pero más satisfactorio. Ya desde el título (Después de la furia) avisa que no es su intención quedarse en el borde del caos que proponen los infinitos abordajes al fin del mundo, o al fin de la civilización, sino que tiene algo para decir el día después: cuando emergen nuevas formas de la sociedad, que de alguna forma nos desafían.