La herramienta ya llegó. ¿Y las manos?

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En la plenaria del SUMMIT 2026 de la CESSI se habló de Inteligencia Artificial, pero lo que quedó resonando en la sala fue otra cosa: ¿qué pasa cuando la tecnología avanza mucho más rápido que la educación de los jóvenes que deberán usarla?

Pablo Fiuza, Presidente de la CESSI, en la plenaria del IA Day en el CESSI SUMMIT 2026

Uno llega al Centro de Convenciones Buenos Aires (CEC) para el SUMMIT 2026 de la CESSI —que reúne el IA Day, el Talent SummIT y la gala de los Premios Sadosky— con la expectativa de escuchar sobre modelos, agentes y casos de implementación. Sin embargo, lo que más resonó en la conferencia plenaria no fue tecnológico. Pablo Fiuza, Presidente de la cámara, y Martín Rapallini, titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), terminaron girando alrededor de una paradoja incómoda: nunca tuvimos herramientas tan potentes para acceder al conocimiento, y nunca estuvo tan en duda que nuestros jóvenes estén en condiciones de usarlas.

Público en la conferencia plenaria del CESSI SUMMIT 2026 en el Centro de Convenciones Buenos Aires
La sala de la conferencia plenaria del SUMMIT 2026 en el CEC. Foto: Alejandro Alonso.

Fiuza arrancó por un lugar conocido: el software como el «puente» con el resto de la industria argentina, el socio que cualquier PyME, productor o empresa puede tener para competir a nivel mundial. Hasta ahí, discurso de cámara. Pero la imagen que eligió para hablar de los data centers dice mucho más. El país tiene la energía, el frío y el espacio para recibirlos, admitió, pero sin un ecosistema de talento local esas instalaciones no pasan de ser «un galpón con buen aire acondicionado». Es una frase para guardar, porque desarma la ilusión de que alcanza con atraer inversiones en infraestructura para subirse a la ola.

Después llegó el dato que nadie en la sala necesitaba que le recordaran: según las pruebas PISA 2025, tres de cada cuatro estudiantes argentinos de 15 años no alcanzan el nivel mínimo en matemática. Fiuza dio vuelta el temor habitual: «Yo creo que lo que les quita el futuro es esto, es la falta de educación, antes que la Inteligencia Artificial». Tiene razón, y la consecuencia es más inquietante de lo que suena. Si la IA «multiplica», como sostuvo, el adolescente que sabe pensar «va a volar» y el que no quedará más lejos que nunca. La tecnología, por sí sola, no va a cerrar la brecha: la va a ensanchar.

El momento más humano de la mañana fue la historia de Matías, un estudiante de un pueblo de Santiago del Estero que le contó que, cuando consigue una entrevista laboral, casi siempre lo entrevista una máquina. «La IA no puede decidir sola sobre el futuro de esta persona», afirmó Fiuza, y recordó que el Papa dedicó su primera encíclica a la Inteligencia Artificial para subrayar que no puede considerarse moralmente neutra. Ahí aparece una tensión que la propia industria tendrá que resolver: es la que más sabe de IA y, a la vez, la que construye muchos de esos filtros. Hacer tecnología «con talento, pero también con criterio» es un buen punto de partida. Falta ver cómo se traduce en prácticas concretas.

Rapallini aportó la mirada del industrial. El futuro, planteó, ya no se mide en toneladas de acero o de cemento: «El futuro de la industria no está definido solamente por lo que somos capaces de fabricar, sino por los problemas que somos capaces de resolver». Apoyado en una idea de Demis Hassabis, de Google DeepMind —la escasez es, en gran medida, un problema de conocimiento—, recordó que el petróleo, el silicio y el sol estuvieron siempre ahí: lo que faltaba era saber aprovecharlos. Cruzar su planteo con el de Fiuza es inevitable: si el conocimiento es el recurso, la educación es la infraestructura.

Martín Rapallini, presidente de la UIA, habla en la plenaria del CESSI SUMMIT 2026 en el CEC
Martín Rapallini, titular de la UIA, durante la plenaria del SUMMIT 2026. Foto: Alejandro Alonso.

De esto hablaremos en la cobertura del SUMMIT que estaremos publicando en ITware Latam y Enfasys. Por ahora queda la pregunta que la sesión plenaria dejó flotando, y que ninguna herramienta va a responder por nosotros: si la IA, como herramienta, ya llegó, ¿cómo nos estamos ocupando de formar las manos que van a utilizarla?

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